La Geopolítica en la actualidad atraviesa por una serie de desafios que son producto de la dinámica constante de las naciones que integran el mundo

miércoles, 16 de febrero de 2011

Egipto: Fukuyama versus Huntington. Por: Pedro Elías Hernández


¿Quién tiene razón, Francis Fukuyama o Samuel Huntington? Esta es la pregunta que le enfría el cuerpo y causa escalofríos a los poderes fácticos y a los distintos actores políticos internacionales en relación a la situación en Egipto.

¿Tendrá razón Fukuyama, el controvertido filósofo y politólogo estadounidense de origen japonés, quien, a propósito del fracaso del socialismo soviético, acuñó el polémico término de “El Fin de la historia” sentenciando con ello el triunfo de la democracia liberal al estilo occidental por encima de cualquier otro sistema político, constituyéndose en una suerte de orden ecuménico? Pero también cabe la otra interrogante:¿Tendrá razón Huntington cuando expuso su teoría del choque de civilizaciones como la fuente de una distinta y virulenta forma de confrontación mundial post guerra fría, la cual pondría en colisión a los valores occidentales de la democracia liberal con un nuevo y temible contrincante encarnado en el fundamentalismo islámico?


¿FIN DE LA HISTORIA O CHOQUE DE CIVILIZACIONES?


Los eventos del 11 de septiembre de 2001, habían desacreditado mucho a Fukuyama y la validez su tesis. Al tiempo, la caída del régimen de los talibanes en Afganistán, la extirpación de Saddan Husein en Irak, la estabilidad de la democracia al estilo islámico en Turquía y el aparente desmantelamiento de la red Al Qaeda, también disipaban un poco los temores por la amenaza árabe musulmán implícita en la teoría de Huntington. De hecho, tales circunstancias le pusieron sordina a la polémica entre estos dos pensadores. Pero ahora, con el triunfo de la insurrección popular en Egipto y el consecuente derrocamiento de la dictadura de Hosni Mubarak, la controversia vuelve por sus fueros y adquiere una pertinencia notable.

Esta discusión entre la tesis de “El Fin de la Historia y la del “Choque de Civilizaciones”, no es meramente académica. En este momento tiene un sentido muy práctico. Ella nos puede ayudar mucho para descifrar qué es lo que está realmente sucediendo en la tierra de las pirámides y los Tolomeo y quizás lo más importante: ¿Qué puede suceder a partir de ahora. Lo que acontece en Egipto es un hecho histórico pero su lectura tiene características poliédricas, como les gusta decir a los internacionalistas. Hay muchos ángulos para analizar, pero en el fondo de todo, lo realmente importante es saber si tiene razón Fukuyama o Huntington. Egipto podría ser el mejor escenario, quizás el ideal para saberlo. La respuesta en uno u otro sentido pueden ser la diferencia entre el advenimiento de un ambiente de mucha tranquilidad o por el contrario de enorme turbulencia a nivel internacional.


EL PARTIDO MILITAR

Por lo pronto tenemos en frente de nosotros un proceso de aparente transición, de un régimen dictatorial a una democracia liberal, tutelado por una de las instituciones egipcias fundamentales desde hace 60 años para acá: el partido militar. Desde la aparición del liderazgo de Nasser en Egipto, nacido al calor de los cuarteles, originalmente con una incendiaria prédica nacionalista y antiimperialista, hasta Sadat y finalmente Mubarak, la presencia del estamento castrense en Egipto ha sido crucial. El fracaso del militarismo nasserista, de clara de inclinación socialista, como consecuencia de las derrotas militares egipcias a manos del ejercito Israelí, no le abrieron el camino a la democracia en esa nación, Tal y como ocurrió, por ejemplo en Argentina y otros países del cono Sur, a raíz del desastre que significó para el régimen dictatorial, la derrota en la guerra de Las Malvinas. La apertura democrática en Egipto no se produjo ya que, cuando las condiciones tal vez estuvieron dadas, apareció en el horizonte la amenaza fundamentalista encarnada en el triunfo de la revolución islámica de Irán en 1979, la cual se temió podía generar un efecto contagiosos en todo el mundo árabe.

“AMENAZA ISLÁMICA”

Este efecto dominó no ocurrió. Los Estados Unidos y Occidente, pudieron encontrar en el partido militar egipcio, liderado en ese momento por Anwar al- Sadat y después por Hosni Mubarak, el valladar para garantizar cierta estabilidad y paz en el Oriente Medio mediante los tratados de Camp David firmados por auspicios de Jimmy Carter precisamente en ese mismo año 1979, entre Egipto e Israel. Aquel acuerdo le costó la vida a Sadat, quien fura asesinado en 1981 por unos fundamentalistas islámicos infiltrados en el interior de las Fuerzas Armadas egipcias. Los tratados de Camp David han estado en vigencia desde hace 32 años y permitieron lograr un prolongado período de distensión y hasta de colaboración entre egipcios e israelíes. Estamos hablando, que del lado árabe, se había logrado contar con el apoyo de la principal potencia militar de la región, lo cual era vital para evitar que el conflicto entre árabes y judíos volviera escalar a las dimensiones que tuvo cuando la guerra del Yom Kippur de 1973.

Ahora bien: ¿Por qué tanto temor a la amenaza islámica en Egipto al punto que EE.UU y Europa Occidental se apoyara en la dictadura de Mubarak para mantener la estabilidad en la región? Muy sencillo, Egipto es la nación matriz de uno de los movimientos, integristas más importantes del mundo árabe. Estamos hablando de los Hermanos musulmanes, una organización, que por ejemplo, fue la escuela política de Osama Bin Laden y la inspiración de grupos radicales integristas como Hamás en Palestina y Hezbolá en El Líbano, ambos con enorme apoyo popular en cada uno de sus países.

La amenaza islámica y su virulencia en contra de Israel y EE.UU fueron tan enormes que la Casa Blanca empezó a apoyar y promover gobiernos militares, autoritarios y dictaduras en la región, aprovechando las divisiones entre chiítas y sunníes en el mundo árabe. Así, para contener la expansión iraní, se apuntala el cruel y sanguinario régimen de Saddan Hussein en Irak y se promueve la guerra entre este país y su vecino iraní. Ya la amenaza comunista había dejado de ser un dolor de cabeza para Washington y las potencias occidentales. La decadencia económica de la Unión Soviética estaba mostrando síntomas terminales hacia mediados de la década de los 80 del siglo pasado, además que en términos militares, el programa de defensa denominado “La guerra de las Galaxias”, promovido por Ronald Reagan, había despejado un poco la posibilidad de una conflagración nuclear entre el Este y el Oeste. Por otra parte, la URSS estaba demasiado ocupada con su problema de la guerra de Afganistán. En los países petroleros, se apuntalan las monarquías teocráticas de Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Kuwait entre otras. Egipto por su parte, seguía siendo ese gendarme necesario que preservaba el equilibrio militar y la estabilidad geopolítica en esa convulsa región.


TRES ACTORES

Ahora, tenemos ante nosotros una oportunidad de oro para dilucidar la validez de las tesis de Huntington y Fukuyama. La primera expone la inviabilidad de las democracias liberales en el mundo musulmán y su resistencia natural e irreversible a los valores de la civilización occidental sustentados en la economía de mercado, el imperio de la Ley y poderes públicos autónomos e independientes. La segunda tesis considera que la democracia liberal y los valores de Occidente son de tipo antropológicos y no históricos, por lo que la tendencia es que éstos se consoliden como una suerte de modelo ecuménico como una sola forma de civilización.

En Egipto hay tres actores en escena que dilucidarán este enigma. Por un lado el partido militar, que ha gobernado ese país en los últimos 60 años, los Hermanos Musulmanes, que son una fuerza cuyo calado popular todavía está por verse, pero que sin duda representa el sector político más organizado, y por otro lado está el enorme y poderoso sentimiento popular de cambio que clama por democracia y libertad y que por medio de las redes sociales y la tecnología de las telecomunicaciones y la informática, pareciera que encarna una fuerza civil que desea desislamizar al mundo árabe.

MODERNIDAD O ISLAMISMO

Los EE.UU, que con su doble discurso a apuntalado las autocracias en el Medio Oriente, hablando en nombre de la libertad, tiene ahora una oportunidad excelente para que el ensayo egipcio sea exitoso y se constituya en un ejemplo que desmienta en los hechos la teoría según la cual los árabes no pueden asimilar la vida en democracia tal y como la entendemos y la conocemos en Occidente.

¿Qué privará para la política exterior estadounidense y de la Unión Europea, su compromiso con las libertades y las ideas verdaderamente republicanas, o sus intereses por mantener una estabilidad política en esa región del mundo a costa de lo que sea? Tal vez haya llegado el momento de darle una oportunidad a la democracia liberal en el Medio Oriente y que esa democracia liberal, apoyada en sus valores de tolerancia y pluralismo y la, libertad, logre la eficacia política necesaria para preservar la paz en la zona.

Por lo pronto, en este instante, hay dos tendencias en desarrollo en el seno del convulsionado Egipto. Por un lado, las fuerzas que pujan por la modernización y las que quieren aprovechar la actual turbulencia e inestabilidad para poner del lado del fundamentalismo islámico a una de las piezas geopolíticas más importantes del Oriente Medio. Hay muchas cosas en juego, a saber: el canal de Suez, una yugular energética fundamental y los intereses estratégicos del Estado de Israel. ¿Quién ganará Fukuyama o Huntington?
pedroeliashb58@yahoo.com

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