La Geopolítica en la actualidad atraviesa por una serie de desafios que son producto de la dinámica constante de las naciones que integran el mundo

sábado, 23 de abril de 2011

Reflexiones sobre la Resolución 1973 del CSNU y su aplicación

por Miguel d'Escoto Brockmann
Ex Presidente de la Asamblea General de la ONU y ex Ministro de Asuntos exteriores de Nicaragua


Como ex Presidente de la Asamblea General además de fuerte y persistente defensor de su inmediata reactivación no sea que, entre otras cosas, la imagen de las Naciones Unidas en la opinión pública mundial siga hundiéndose cada vez más profundamente, he decidido dar a conocer mi opinión sobre la situación de la crisis en Libia. 

Durante demasiado tiempo la Asamblea General ha descuidado sus responsabilidades residuales para la paz y la seguridad contenidas en la Carta. No es sólo una cuestión de actuar cuando el Consejo de Seguridad está paralizado, lo que fue la justificación original de la Resolución “Unidos por la Paz” (Uniting for Peace) (1). Es también una cuestión de buena fe en relación con el papel y la identidad de la Asamblea General como principal órgano del Sistema de las Naciones Unidas. Se trata del órgano que representa a la totalidad de los miembros y se encarga de la competencia en todo el espectro de preocupaciones de la Carta. Esto se refiere particularmente a la competencia y la responsabilidad en una situación de guerra permanente en la que el Consejo de Seguridad no actúa. En sentido constitucional, la Asamblea General tiene una responsabilidad implícita para actuar cuando se compruebe que el Consejo de Seguridad parece haber abusado de su autoridad en relación con el uso de la fuerza.

El artículo 2(7) de la Carta prohíbe la intervención de la Organización en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de un Estado excepto si la paz y la seguridad internacionales están directamente involucrados. Podría decirse que en el caso de establecer una zona de exclusión aérea para la protección de los civiles libios el Consejo de Seguridad VIOLÓ este compromiso constitucional fundamental de abstenerse de intervenir. La continua lucha entre el Gobierno establecido de Libia y las fuerzas rebeldes tiene un carácter definido de ser una guerra civil, y no pudo en ningún momento ser razonablemente interpretado como una amenaza mayor para la paz y la seguridad. Además, el enfoque a la autorización de medidas militares está deliberadamente diseñado en la Carta para estar disponible sólo como un último recurso, es decir, después de agotar todos los recursos diplomáticos. En este caso, no hay ninguna indicación de esfuerzos para negociar un alto el fuego antes de la puesta en marcha de los ataques militares correspondientes a la implantación de la “Zona de Exclusión Aérea”.

Creo firmemente que la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad es ilegal y antidemocrática, por decirlo suavemente, y que ha sido aprobada por una pequeña minoría en nombre de la dictadura gobernante en las Naciones Unidas. Reitero lo que dije en mi discurso de despedida en septiembre de 2009: Naciones Unidas está más allá de la reforma o de un simple ajuste. Es absolutamente necesario que se reinvente si es que tiene que servir a la causa de la paz y la seguridad internacionales para las que fue fundada. Ahora, además de ser una organización disfuncional, podemos decir que es un arma para la muerte al servicio de una minoría imperialista belicista poseída por los demonios de la dominación de espectro total sobre el planeta Tierra.

Más allá de esto, aun suponiendo, sólo por un minuto, que la Resolución SC 1973 hubiese sido justificada por la constatación de la situación de emergencia humanitaria –podría decirse que, en la práctica, la ONU ha hecho una excepción limitada en el artículo 2(7)–, el alcance de la acción militar autorizada y realizada por primera vez por la "coalición de los dispuestos" (“coalition of the willing”) encabezada por Estados Unidos y más tarde por la OTAN, superó con creces cualquier interpretación razonable de la misión humanitaria. Como tal, la Resolución 1973 representa, por sus condiciones y aplicación, una invasión directa y grave del compromiso del artículo 2(7) de prohibir el uso de la fuerza autorizado por la de la ONU que invada la soberanía territorial de un Estado miembro.

Así pues, hay dos cuestiones constitucionales fundamentales relativas a la autoridad de las Naciones Unidas que se unen aquí: el abuso de autoridad por parte del Consejo de Seguridad, el fracaso del uso de la fuerza en conformidad con las atribuciones delegadas por la Resolución SC 1973, lo que representa un incumplimiento por parte del Consejo de Seguridad de ejercer algún tipo de responsabilidad de supervisión en relación a la autorización en virtud del Capítulo VII de la utilización de la fuerza. Cabe recordar que en el periodo subsiguiente a la Guerra del Golfo de 1991, el entonces Secretario General señaló que la ONU no debería abandonar nunca más sus responsabilidades de supervisión una vez que el uso de la fuerza ha sido debidamente autorizado y delegado por el Consejo de Seguridad. En ese caso, el uso de la fuerza parece más justificado, ya que era un caso de apoyo a la reclamación de Kuwait a la legítima defensa, y había transcurrido un periodo de tiempo en el que se la ONU se basó sobre las sanciones para inducir una retirada iraquí de Kuwait. Sin embargo, incluso entonces, había una controversia jurídica en cuanto a si la ONU había verdaderamente agotado sus recursos diplomáticos antes de recurrir a la fuerza.

Esta combinación de problemas plantea una especie de crisis constitucional, tanto con respecto a las funciones de la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, como a las condiciones bajo las cuales el Consejo de Seguridad puede autorizar el uso de la fuerza, que una vez autorizado, requiere la supervisión continua para asegurar que las medidas adoptadas se mantienen dentro del mandato. Aquí utiliza la fuerza continuada a gran escala en un entorno que parece estar en violación directa del enfoque de la Carta sobre el uso de la fuerza.

Se trata de cuestiones de peso de la interpretación constitucional de la Carta y del derecho internacional y, en una fecha posterior adecuada, podría ser aclarada por una solicitud de opinión consultiva de la Asamblea General o conjunta de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad a la Corte Internacional de Justicia. En la actualidad, la gente está muriendo y un Estado soberano está siendo atacado bajo la autoridad de las Naciones Unidas, lo que hace imprescindible sin más demora que la Asamblea General tome todas las medidas razonables para establecer, con carácter de urgencia, un alto el fuego vinculante para ambas partes: el Gobierno de Libia y los rebeldes, y que se adopten medidas para negociar un mecanismo político para la resolución pacífica del conflicto. También es relevante el lamentable fracaso del Secretario General de llamar la atención sobre estas graves cuestiones de los miembros tanto del Consejo de Seguridad como de la Asamblea General.

Nota 1:
La resolución 377 de la Asamblea General de la ONU (conocida como “Resolución Unidos por la Paz”) señala que, en casos donde el Consejo de Seguridad no consiga actuar con la finalidad de mantener la paz y seguridad internacionales debido al desacuerdo entre sus cinco miembros permanentes la cuestión debe ser inmediatamente tratada por la Asamblea General utilizando el mecanismo de sesión especial de urgencia. Durante la presidencia de la Asamblea General por parte del autor del artículo, se invocó dicha resolución para tratar la crisis de Gaza durante la navidad del 2008, lo cual provocó que finalmente el Consejo de Seguridad –que llevaba varios días sin tomar una decisión por la reticencia de Estados Unidos  de frenar el ataque israelí– se viera obligado a actuar y exigir un alto el fuego.

29 de marzo 2011

Libia, lo justo y lo injusto.

Ignacio Ramonet
País:  Libia
Tema:  Revueltas sociales

Los insurgentes libios merecen la ayuda de todos los demócratas. El coronel Gadafi es indefendible. La coalición internacional que lo ataca carece de credibilidad. No se construye una democracia con bombas extranjeras. Por ser en parte contradictorias, estas cuatro evidencias nutren cierto malestar, en particular en el seno de las izquierdas, con respecto a la operación Amanecer de la Odisea comenzada el pasado 19 de marzo.

La insurrección de las sociedades árabes constituye el mayor acontecimiento político internacional desde el derrumbe, en Europa, del socialismo autoritario de Estado en 1989. La caída del muro del Miedo en las autocracias árabes es el equivalente contemporáneo de la caída del muro de Berlín. Un auténtico terremoto mundial. Por producirse en el área de mayores reservas de hidrocarburos del planeta, y en el epicentro del "foco perturbador" del mundo (ese "arco de todas las crisis" que va de Pakistán al Sahara Occidental, pasando por Irán, Afganistán, Irak, Líbano, Palestina, Somalia, Sudán, Darfur y Sahel), su onda de expansión modifica toda la geopolítica internacional.

Algo se rompió para siempre en el mundo árabe el pasado 14 de enero. Ese día, manifestantes tunecinos que desde hacía semanas reclamaban en las plazas libertad y democracia, consiguieron derrocar al déspota Ben Alí. Comenzaba el deshielo de las viejas tiranías árabes. Un mes después, en Egipto, corazón de la vida política árabe, un poderoso movimiento de protesta social expulsaba a su vez del poder al  general Mubarak. Entonces, como si de repente descubriesen que los regímenes autoritarios, desde Marruecos hasta Bahréin, fuesen colosos con pies de arena, decenas de miles de ciudadanos árabes se lanzaron a las plazas gritando su hartazgo infinito de los ajustes sociales y de las dictaduras (1).

La fuerza espóntanea de estos vientos de libertad sorprendió a todas las cancillerías del mundo. Cuando comenzaron a soplar sobre las dictaduras aliadas de Occidente (en Túnez, Egipto, Marruecos, Jordania, Arabia Saudí, Bahréin, Irak, Yemen), las grandes capitales occidentales, empezando por Washington, Londres y París, se sumieron en un prudente mutismo, o alternaron declaraciones que revelaban su profundo malestar ante el riesgo de ver desaparecer a sus "amigos dictadores" (2). 

Mucho más sorprendente fue, durante esta primera fase (de mediados de diciembre a mediados de febrero), el silencio de los gobiernos progresistas de América Latina, considerados por toda una parte de la izquierda internacional como su principal referente contemporáneo. Sorpresa tanto más grande puesto que estos Gobiernos tienen mucho en común con el movimiento insurreccional árabe: habían llegado al poder mediante las urnas, aupados por poderosos movimientos sociales (en Venezuela, Brasil, Uruguay y Paraguay) que, en varios países (Ecuador, Bolivia, Argentina), después de haber resistido a dictaduras militares, también habían derrocado pacíficamente a gobernantes corruptos. 

Inmediata debía de haber sido allí la solidaridad con las insurrecciones árabes, réplicas de sus propios alzamientos cívicos. No lo fue. Y eso que el carácter izquierdista del movimiento no ofrecía dudas. El conocido intelectual egipcio Samir Amin lo describe así: "Las fuerzas principales en movimiento durante los meses de enero y de febrero eran de izquierdas. Demostraron que tenían una resonancia popular gigantesca pues llegaron a movilizar a ¡más de quince millones de manifestantes en todo Egipto! Los jóvenes, los comunistas, fragmentos de las clases medias democráticas constituyeron la columna vertebral de ese movimiento" (3). 

A pesar de ello, hubo que esperar al 14 de febrero -o sea tres días después de la caída del odiado Mubarak y un día antes del comienzo de la insurrección popular en Libia- para que, por fin, un líder latinoamericano calificase la rebelión árabe de "revolucionaria" en una declaración que explicaba con lucidez: "Los pueblos no desafían la represión y la muerte, ni permanecen noches enteras protestando con energía, por cuestiones simplemente formales. Lo hacen cuando sus derechos legales y materiales son sacrificados sin piedad a las exigencias insaciables de políticos corruptos y de los círculos nacionales e internacionales que saquean el país" (4).

Pero cuando, naturalmente, esa rebelión se extendió a los Estados autoritarios del mal llamado "socialismo árabe" (Argelia, Libia, Siria), cayó de nuevo un pesado mutismo en las capitales del progresismo latinoamericano. Políticamente podía aún interpretarse de dos maneras: simple prolongación del prudente silencio que hasta entonces, globalmente, habían observado esas cancillerías con respecto a acontecimientos muy alejados de sus principales centros de interés;  o expresión de un malestar político frente al riesgo de perder, en su pulso con el imperialismo, a aliados estratégicos...

Ante el peligro de que triunfase esta segunda opción, varios intelectuales relevantes (5) avisaron de inmediato que ello significaría algo impensable para Gobiernos seguidores del mensaje universal del bolivarianismo. Porque sería afirmar que una relación estratégica entre Estados es más importante que la solidaridad con los pueblos en lucha. Lo cual conduciría, más tarde o más temprano, a cerrar los ojos ante cualquier eventual atrocidad contra los derechos humanos (6). Y en este caso el ideal solidario de la revolución latinoamericana naufragaría en el helado océano de la Realpolitik.

En el tablero de la política internacional, la Realpolitik (definida por Bismarck, el "canciller de hierro" prusiano, en 1862) considera que los países se reducen a sus Estados. Jamás toma en cuenta a sus sociedades. Según ella, los Estados se mueven sólo en función de sus fríos intereses y de sus alianzas estratégicas (cuya finalidad esencial es la preservación del Estado, no la protección de la sociedad). Desde la paz de Westfalia en 1648, la doctrina geopolítica establece que la soberanía de los Estados es intangible en virtud del principio de no-injerencia, y que un Gobierno, sea cual sea el modo en que llegó al poder, tiene total libertad de hacer lo que quiera en sus asuntos internos.

Semejante idea de la soberanía -que sigue siendo dominante- ha visto erosionada su legitimidad desde el final de la Guerra Fría en 1989. Y ello en nombre de los derechos de los ciudadanos, y de una concepción más ética de las relaciones internacionales. Las dictaduras, cuyo número se reduce de año en año, van resultando cada vez más ilegítimas en criterios del derecho internacional. Y moralmente inaceptables porque, entre otros graves abusos, desposeen a las personas de sus atributos de ciudadano. 

Basado en este razonamiento, se desarrolló en los años 1990, el concepto de derecho de injerencia o deber de asistencia que condujo, pese a aceptables pretextos de fachada, a desastres político-humanitarios de gran envergadura en Kosovo, Somalia, Bosnia... Y finalmente, bajo la conducción de los neoconservadores estadounidenes, al desastre total de la guerra de Irak (7).

Pero tan trágicos fracasos no han interrumpido la idea de que un mundo más civilizado debe ir abandonando una concepción de la soberanía interna establecida hace casi cuatro siglos en nombre de la cual poderes no elegidos democráticamente han cometido (y cometen) incontables atrocidades contra sus propios pueblos. 

En 2006, las Naciones Unidas, en su Resolución 1674, han hecho de la protección de los civiles, incluso contra su propio Gobierno cuando éste usa armas de guerra para reprimir manifestaciones pacíficas, una cuestión fundamental. Que modifica, por primera vez desde el Tratado de Westfalia, -en materia de derecho internacional- la concepción misma de la soberanía interna y del principio de no-injerencia. La Corte Penal Internacional (CPI), creada en 2002, va en idéntico sentido.

Y en ese mismo espíritu, muchos líderes latinoamericanos denunciaron con justa razón la pasividad o la complicidad de grandes potencias democráticas ante los graves crímenes cometidos contra la población civil, entre 1970 y 1990, por las dictaduras militares en Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y tantos otros países mártires de Centro y Suramérica.  

Por eso sorprendió que, cuando en Libia, a partir del 15 de febrero, empezaron las protestas sociales pacíficas, inmediatamente reprimidas por las fuerzas del coronel Gadafi con desmedida violencia (233 muertos en los primeros días) (8), ningún mensaje de solidaridad con los civiles reprimidos llegase de América Latina. Ni tampoco al estallar, el 20 de febrero, el "Tripolitazo": cuando unos 40.000 manifestantes denunciaron la carestía de la vida, la degradación de los servicios públicos, las privatizaciones impuestas por el FMI, y la ausencia de libertades. 

Igual que durante el "Caracazo" del 27 de febrero de 1989 en Venezuela, esa insurrección tripolitana, retransmitida por decenas de testigos oculares, se extendió como reguero de pólvora por toda la capital, se multiplicaron las barricadas, ardió la sede del Gobierno, las comisarías fueron incendiadas, los locales de la televisión oficial saqueados, el aeropuerto ocupado y el palacio presidencial asediado. El régimen libio empezó a tambalearse. 

En semejantes circunstancias, cualquier otro dirigente razonable hubiese entendido que la hora de negociar y de abandonar el poder había llegado (9). No así el coronel Gadafi. A riesgo de sumir a su país en una guerra civil, el "Guía", en el poder desde hace 42 años, explicó que los manifestantes eran "jóvenes a los que Al Qaeda había drogado echándoles píldoras alucinógenas en el Nescafé"... (10).  Y ordenó a las Fuerzas Armadas reprimir las protestas a cañonazos y con fuerza extrema. El canal Al Jazeera mostró los aviones militares ametrallando a los manifestantes civiles (11). 

En Bengasi, para defenderse contra la brutalidad de la represión, un grupo de protestatarios asaltó un arsenal de la guarnición local y se apoderó de miles de armas ligeras. Varios destacamentos militares, enviados por Gadafi para sofocar en sangre la protesta, se sumaron, con tanques y pertrechos, a la rebelión. En condiciones muy desfavorables para los insurrectos, empezaba la guerra civil. Un conflicto impuesto por Gadafi contra un pueblo que estaba pidiendo pacíficamente el cambio.

Hasta ese momento, las capitales de la América Latina progresista siguen silenciosas. Ni una palabra de solidaridad, ni tan siquiera de compasión con los rebeldes civiles que luchan y mueren por la libertad.

Hasta que, el 21 de febrero, en un intento de alejar cualquier acusación contra ella, la diplomacia británica -cuya responsabilidad es central en la rehabilitación del coronel Gadafi a partir de 2004 en la escena internacional- por la voz del ministro de Exteriores William Hague, anuncia que el líder libio "podría haber huido de su país y estar dirigiéndose a Venezuela" (12). 

Es falso. Y Caracas lo desmiente rotundamente. Pero los medios de comunicación internacionales muerden el cebo, y ponen de inmediato los focos sobre la conexión que el Foreign Office ha sugerido. Minimizando los ostentosos recibimientos del dictador libio en Roma, Londres, París o Madrid, la prensa mundial insiste en las relaciones del "Guía" con Caracas.  El propio Gadafi cae en la celada y también menciona a Venezuela en su primer discurso desde el comienzo de las protestas. Lo hace para negar su huida a ese país, pero ello da pie a nuevas especulaciones sobre el "eje Trípoli-Caracas". Gadafi añade: "Los manifestantes son ratas, drogados, un complot de extranjeros, de norteamericanos, de Al Qaeda y de locos" (13).

Esta perezosa jácara del "complot norteamericano" es retomada como argumento por varios dirigentes progresistas suramericanos Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, entre otros, para expresar ahora, cada uno a su modo, una clara solidaridad con el dictador libio (14) bajo los sufridos pretextos de que la "situación es confusa", que los "medios de comunicación mienten" y que "nadie sabe quiénes son los rebeldes". 

Ni una frase de compunción hacia un pueblo sublevado contra un tirano militar que manda disparar contra sus propios ciudadanos. Ninguna alusión tampoco a la famosa sentencia del Libertador Simón Bolívar: "Maldito sea el soldado que vuelve las armas contra su pueblo", doctrina fundamental del bolivarianismo. 

La inmensidad del error político sobrecoge. Una vez más, unos gobiernos progresistas conceden prioridad, en materia de relaciones internacionales, a cínicas consideraciones estratégicas que se hallan en perfecta contradicción con su propia naturaleza política. ¿Les conducirá ese razonamiento a expresar también su apoyo a otro infrecuentable tiranillo local, Bachar El Asad, presidente de Siria, un país que vive bajo estado de alarma desde 1962 y cuyas fuerzas de represión tampoco han dudado en disparar con fuego real contra pacíficos manifestantes desarmados?

En lo que respecta a Libia, la única iniciativa latinoamericana positiva, fue la del presidente de Venezuela Hugo Chávez quien propuso, el 1 de marzo, el envío a Trípoli de una Comisión internacional de mediación constituida por representantes de países del Sur y del Norte para tratar de poner fin a las hostilidades y negociar un acuerdo político entre las partes. Rechazada por Seif el Islam, el hijo del "Guía", pero aceptada por Gadafi, esta importante tentativa de mediación será torpemente descartada por Washington, París, Londres y los propios insurgentes libios.

A partir de ahí, las cancillerías progresistas suramericanas van a insistir en su apoyo a un perfecto iluminado. Hace, en efecto, decenios que Muamar el Gadafi dejó de ser aquel capitán revolucionario que, en 1969, derrocó a la monarquía, expulsó de su país las bases militares estadounidenses y proclamó una singular "República árabe y socialista". 

Desde el final de los años 1970, su errática trayectoria y sus delirios ideológicos (véase su disparatado Libro Verde) lo han convertido en un dictador imprevisible, tornadizo y jactancioso. Semejante a aquellos tiranos locos que América Latina conoció en el siglo XIX con el nombre de "caudillos bárbaros" (15). Ejemplos de sus trastornos: la expedición militar de 3.000 hombres que lanzó, en 1978, en auxilio del sanguinario Idi Amín Dadá, otro demente presidente de Uganda... O su afición a un juego erótico con chicas menores llamado "bunga bunga" que le enseñó a su socio italiano Silvio Berlusconi... (16).

Gadafi jamás se ha sometido a ninguna elección. En torno a su imagen ha establecido un culto de la personalidad que linda con el endiosamiento. En la "masocracia" (Jamahiriya) libia no existe ningún partido político, sólo hay "comités revolucionarios". Habiéndose autoproclamado "Guía" vitalicio de su país, el dictador se considera por encima de las leyes. En cambio, el vínculo familiar es, según él, fuente de Derecho. Basado en ello, por antojo, nombró a sus hijos para los puestos de mayor responsabilidad del Estado y los de mayor rentabilidad en los negocios. 

Tras la (ilegal) invasión de Irak en 2003, temiendo ser el siguiente de la lista, Gadafi se arrodilló ante Washington, firmó acuerdos con la Administración de Bush, erradicó sus armas de destrucción masiva e indemnizó a las víctimas de sus atentados terroristas. Para complacer a los "neocons" estadounidenses se erigió en un perseguidor de Osama Ben Laden y de la red Al Qaeda. Estableció también acuerdos con la Unión Europea para convertirse en cancerbero retribuido de los emigrantes africanos. Pidió ingresar en el FMI (17), creó zonas especiales de libre comercio, cedió los yacimientos de hidrocarburos a las grandes transnacionales occidentales y eliminó los subsidios a los productos alimenticios de primera necesidad. Inició el proceso de privatización de la economía, lo que provocó un importante aumento del desempleo y agravó las desigualdades. 

 El "Guía" protestó contra el derrocamiento del dictador tunecino Ben Alí a quien consideraba como "el mejor gobernante de la historia de Túnez". En materia de inhumanidad, sus fechorías son incontables. Desde su apoyo a conocidas organizaciones terroristas hasta su demostrada participación en atentados contra aviones civiles, pasando por su encarnizamiento contra cinco inocentes enfermeras búlgaras torturadas durante años en prisión, o el fusilamiento sin juicio, en la siniestra cárcel Abú Salim de Trípoli, en 1996, de un millar de prisioneros originarios de Bengasi (18).

La actual revuelta empezó precisamente en esa ciudad cuando, el 15 de febrero, las familias de estos fusilados, animadas por las protestas en los países árabes, se echaron a la calle para exigir pacíficamente la liberación del abogado Fathy Terbil quien, desde hace quince años, defiende el derecho a recuperar los cuerpos de sus parientes ejecutados (19). Las imágenes mostrando la brutalidad de la represión de esta manifestación difundidas por las redes sociales y el canal Al Jazeera escandalizaron a la población. Al día siguiente, las protestas se habían ampliado masivamente y extendido a otras ciudades. Sólo en Bengasi, 35 personas fueron asesinadas por la policía y las milicias gadafistas (20).

Tan alto grado de ensañamiento contra la población civil (21) hizo legítimamente temer, a mediados de marzo, cuando las huestes gadafistas empezaron a cercar Bengasi, que se cometiese un baño de sangre. En un discurso dirigido a "las ratas" de esa ciudad, el "Guía" dejó muy claras sus intenciones: "Llegamos esta noche. Empezad a prepararos. Os iremos a sacar del fondo de vuestros armarios. No habrá piedad" (22). 

En ayuda de los asediados libios, que reclamaban a gritos ayuda internacional (23), deberían haber acudido en primer lugar los pueblos recientemente liberados de Túnez y Egipto. Era su responsabilidad principal. Pero lamentablemente los Gobiernos de estos dos países no supieron estar a la altura de las circunstancias históricas. 

En ese contexto de urgencia, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó, el 17 de marzo, la resolución 1973 que establece un régimen de exclusión aérea en Libia con el fin de proteger a la población civil y hacer cesar las hostilidades (24). La Liga Árabe había dado su acuerdo preliminar. Y, cosa excepcional, la resolución fue presentada por un Estado árabe: el Líbano (además de Francia y Reino Unido). Ni China, ni Rusia, que disponen de derecho de veto, se opusieron. Brasil y la India tampoco votaron en contra. Varios países africanos se pronunciaron a favor: Sudáfrica (la patria de Mandela), Nigeria y Gabón. Ningún Estado se opuso.

Se puede estar en contra de la estructura actual de Naciones Unidas, o estimar que su funcionamiento deja mucho que desear. O que las potencias occidentales dominan esa organización. Son críticas aceptables. Pero, por ahora, la ONU constituye la única fuente de derecho internacional. En ese sentido, y contrariamente a las guerras de Kosovo o de Irak que nunca tuvieron el aval de la ONU, la intervención actual en Libia es legal, según el derecho internacional; legítima, según los principios de la solidaridad entre demócratas; y deseable, para la fraternidad internacionalista que une a los pueblos en lucha por su libertad.

Se podría añadir que potencias musulmanas reticentes en un primer momento como Turquía han acabado por participar en la operación.

Se podría recordar también que si Gadafi, como era su intención, hubiese anegado en sangre la insurrección popular, habría enviado una señal de vía libre a los demás tiranos de la región. Alentándolos de ese modo a aplastar ellos también, sin miramientos, las protestas locales. Basta con observar que, en cuanto las tropas de Gadafi se aproximaron a sangre y fuego en medio de la pasividad internacional a Bengasi, los regímenes de Bahréin y de Yemen no dudaron ya en disparar con fuego real contra los manifestantes pacíficos. No lo habían hecho hasta entonces. Pero apostaron a su vez por el inmovilismo internacional.

La Unión Europea, en particular, tiene una responsabilidad específica en este asunto. No sólo militar. Es menester pensar en la próxima etapa de consolidación de las nuevas democracias que van a ir surgiendo en esta región tan vecina. Apoyar la "primavera árabe" supone asimismo el lanzamiento de un verdadero "Plan Marshall", o sea, una ayuda económica masiva "semejante a la que se ofreció a Europa del Este después de la caída del muro de Berlín" (25).

¿Significa todo esto que la operación Amanecer de la Odisea no plantea problemas? En absoluto. En primer lugar, porque los Estados u Organizaciones que la capitanean (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, OTAN) son los "sospechosos habituales" implicados en múltiples aventuras guerreras sin la mínima cobertura legal, legítima o humanitaria. Aunque esta vez los objetivos de solidaridad democrática parecen más evidentes que los nexos con la seguridad nacional de Estados Unidos, cabe preguntarse ¿desde cuándo les ha importado a estas potencias la democracia en Libia? Por ello carecen de credibilidad. 

Segundo: existen otras injusticias en esta misma región -el sufrimiento palestino, la intervención militar saudí en Bahréin contra la indefensa mayoría chií, la desproporcionada brutalidad de los Gobiernos de Yemen y de Siria...- ante las cuales las mismas potencias que atacan a Gadafi hacen la vista gorda dando prueba de una doble moral. 

Tercero: el objetivo debe ser el que fija la resolución 1973, y sólo ése: ni invasión terrestre, ni víctimas civiles. La ONU no ha dado licencia para derrocar a Gadafi, aunque bien parece que ese sea el objetivo final (e ilegal) de la operación. En ningún caso esta intervención debe servir de precedente para otras aventuras guerreras contra Estados situados en el punto de mira de las potencias occidentales dominantes. 

Cuarto: la historia enseña (y el caso de Afganistán lo demuestra) que es más fácil entrar en una guerra que salir de ella. Y quinto: el olor a petróleo de toda esta operación apesta.   

Los pueblos árabes están sin duda sopesando lo justo y lo injusto de la actual intervención militar en Libia. En su gran mayoría apoyan a los insurgentes (aunque se siga sin saber bien quiénes son y aunque se sospeche que varios elementos indeseables figuran en el actual Consejo Nacional de Transición). Por el momento, hasta finales de marzo, en ninguna capital árabe se han producido manifestaciones de rechazo a la operación. Al contrario, como estimuladas por ella, nuevas protestas contra las autocracias se intensificaron en Marruecos, Yemen, Bahréin... Y sobre todo en Siria.

Obtenida la zona de exclusión aérea y a salvo ya la población civil de Bengasi, las dos principales exigencias de la Resolución 1973 estaban cumplidas a finales de marzo. Aunque otras demandas no lo estaban aún (el cese el fuego por parte de las fuerzas gadafistas, y la garantía por éstas de acceso seguro a la ayuda humanitaria internacional), a partir de ese momento los bombardeos debieron cesar. Tanto más cuanto la OTAN, que no ha recibido mandato internacional para ello, ha asumido el 31 de marzo el liderazgo militar de la ofensiva. La Resolución tampoco autoriza a armar, entrenar y dirigir militarmente a los rebeldes. Porque ello supone un mínimo de fuerzas extranjeras ("comandos especiales") presentes en el suelo libio, lo cual está explícitamente excluido por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad. 

Es urgente que los miembros de ese Consejo de la ONU vuelvan ahora a consultarse; que se tenga en cuenta la posición de China, Rusia, la India y Brasil para imponer un alto el fuego inmediato y buscar una salida no militar al drama libio. 

Una solución que tome en cuenta también la iniciativa de la Unión Africana, garantice la integridad territorial de Libia, impida toda invasión terrestre de fuerzas extranjeras, preserve las riquezas del subsuelo contra la rapacidad de algunas potencias foráneas, ponga fin a la tiranía, y reafirme la aspiración a la libertad y a la democracia de los ciudadanos. 

En Libia, sólo una salida política negociada por todas las partes será justa.

(1) Léase Ignacio Ramonet, “Cinco causas de la insurrección árabe”, Le Monde diplomatique en español, marzo de 2011.(2) Léase Ignacio Ramonet, "Túnez, Egipto, Marruecos, esas dictaduras amigas", www.monde-diplomatique.es/
(3) Christophe Ventura, "Entrevista con Samir Amin", Mémoire des luttes, París, 29 de marzo de 2011.

(4) Fidel Castro, "La Rebelión Revolucionaria en Egipto", Granma, La Habana, 14 de febrero de 2011.

(5) Léase, por ejemplo, Santiago Alba y Alma Allende, "Del mundo árabe a América Latina", Rebelión, 24 de febrero de 2011; y Atilio Borón, "No abandonar a los pueblos árabes", Página 12, Buenos Aires, 7 de marzo de 2011.
(6) Error que ya cometió dos veces la revolución cubana cuando apoyó la intervención militar del Pacto de Varsovia en Praga para aplastar la insurrección popular checoslovaca en agosto de 1968, y cuando aprobó la invasión de Afganistán por la Unión Soviética en diciembre de 1979.(7) Léase Ignacio Ramonet, Irak, historia de un desastre, Debate, Madrid, 2005.
(8) Agencia Reuters, 21 de febrero de 2011.
(9) En América Latina, ante protestas populares de gran envergadura, varios presidentes (elegidos democráticamente) se resignaron a renunciar a su cargo. Tres de ellos en Ecuador: Abdalá Bucarán, "por incapacidad mental", en  1997; Jamil Mahuad, en 2000; y Lucio Gutiérrez, en 2002. Dos en Bolivia: Gonzalo Sánchez de Lozada, en 2003; y Carlos Mesa, en 2005. Uno en Perú, Alberto Fujimori, en 2000. Y otro en Argentina, Fernando de la Rúa, en 2001.
(10) El País, Madrid, 24 de marzo de 2011.
(11) The Guardian, Londres, 21 de febrero de 2011.
(12) Agencia AFP, 21 de febrero de 2011.
(13) www.rue89.com/2011/02/22/kadhafi-je-suis-a-tripoli-pas-au-venezuela-191416
(14) El más antiimperialista de los líderes árabes, Hassan Nasrallah, secretario general del Hezbolá libanés, ha declarado que es "irracional" decir que las revoluciones árabes, y singularmente la libia (que cuenta también con el apoyo de Irán), fueron preparadas en cocinas estadounidenses.
Discurso del Hassan Nasrallah, 19 de marzo de 2011. http://www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=&inicio=0(15) Alcides Arguedas, Los Caudillos bárbaros, editorial Vda L. Tasso, Barcelona, 1929. Léase también Max Daireaux, Melgarejo, Editorial Andina, Buenos Aires, 1966.

(16) Cf. Quentin Girard, "Toi vouloir faire bunga-bunga?", Slate, París, 12 de noviembre  de 2010. http://www.slate.fr/story/30061/bunga-bunga-berlusconi
(17) Léase "Le Rapport du FMI qui félicite la Libye", in Mémoire des luttes, París, 11 de marzo de 2011. http://www.medelu.org/spip.php?article761
(18) Léase, Brian May, "Informe sobre Libia", Amnistía Internacional, Londres, 27 de mayo de 2010. http://www.amnesty.be/doc/communiques-et-publications/Les-rapports-annuels/Le-rapport-annuel-2010/Moyen-Orient-et-Afrique-du-nord,2038/article/libye-16281

(19) Cf. Evan Hill, "The day the Katiba fell", Al Jazeera English, 2 de marzo de 2011. http://english.aljazeera.net/indepth/spotlight/libya/2011/03/20113175840189620.html

(20) Ibid.

(21) Estos y otros crímenes han conducido al fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, el argentino Luis Moreno Ocampo, a abrir una investigación contra Muamar el Gadafi, acusado de "crímenes contra la humanidad" por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

(22) Agencia AFP, 17 de marzo de 2011.

(23) Léase Khaled Al-Dakhil, "Pourquoi tant d'hésitations?", Al-Hayat, Londres (reproducido por Courrier Internacional, París, 17 de marzo de 2011).

(24) http://www.un.org/spanish/docs/sc/
(25) Nouriel Roubini, "Un plan Marshall pour le printemps arabe", Les Échos, París, 21 de marzo de 2011.

jueves, 21 de abril de 2011

Carestía de Agua y Conflicto

Ferran Izquierdo
Área de Derecho Internacional Público y de Relaciones Internacionales
Universidad Autònoma de Barcelona

La cuenca mediterránea es una de las regiones del mundo con más problemas de carestía de recursos hídricos y las previsiones hacen pensar en un futuro aún peor. Hasta la actualidad, la situación más grave se presentaba en la ribera sur, más árida que la europea, pero actualmente ya encontramos zonas extremadamente áridas y en proceso imparable de desertización en la ribera norte, sobre todo en el levante ibérico. La carestía de agua está provocando situaciones de conflicto que es necesario evitar y a las que se debe buscar una solución. Dichos conflictos pueden ser o bien nacionales –entre regiones o sectores económicos–, o bien internacionales, e incluso hay algunos que han sido provocados por eluso de este recurso vital como arma de guerra o de dominación. 

Algunos ejemplos recientes evidencian que, para hacer frente a estas situaciones, hay que utilizar los instrumentos que ya tenemos y pensar en otros nuevos. La situación más grave ha consistido en la utilización del agua como instrumento de guerra en Irak. La coalición formada por Estados Unidos y Gran Bretaña –desde la guerra de Kuwait en 1991 hasta la invasión de 2003– bombardeó y destruyó muchas infraestructuras hidrológicas para presionar a la población iraquí y para debilitar al gobierno de Sadam Husein, y actualmente algunos grupos de la resistencia hacen lo mismo para expulsar a laspotencias ocupantes y para impedir que se hagan con el control del país.
 
Aún hoy, los iraquíes están pagando un precio muy alto en salud y en bienestar por la falta de agua.

1. El Gobierno israelí está destruyendo infraestructuras hidrológicas palestinas para presionar a la población y asentar a las colonias judías. Asimismo, está utilizando las restricciones de agua de consumo doméstico y de regadío para permitir un mayor consumo de la población israelí y de los colonos judíos, ypara castigar a la población palestina. Y con la construcción del muro del apartheid sigue con su política de apropiación de pozos y de recursos hídricos. La compañía israelí de distribución de agua está haciendo negocio con los recursos de los territorios ocupados, y en la actualidad incluso ciertas empresas multinacionales participan en la explotación del agua del Golán. Al sur del Líbano, a pesar de la retirada del ejército israelí, el Gobierno de Tel Aviv intenta mantener el control del consumo del agua de los afluentes del río Jordán, el Hasbani y el Wazzani. Esa región libanesa necesita toda la ayuda posible pararecuperar la normalidad después de estar tantos años sometida a la ocupación militar israelí y a los choques armados, y en octubre de 2002 la administración de Beirut inauguró una estación de bombeo en el río Wazzani para suministraragua a una veintena de pueblos. El Gobierno israelí amenazó con una operación militar si extraían agua del río, en contra de la opinión de un informe de Naciones Unidas que afirmaba que el Líbano no violaba ninguna resolución
internacional por el hecho de sacar agua de los ríos.

2. Un vez más, el conflicto del agua toma una dimensión militar que dificulta la gestión de los recursosy amenaza la paz. También en el Golán la ocupación militar tiene unadimensión hídrica, ya que han sido muchas las voces de políticos y colonos israelíes que se niegan a devolver los territorios de los Altos del Golán a Siria con la excusa de que necesitanel agua de esa zona. Así, también en el Golán la invasión y la ocupación territorial están vinculadas a la conquista del agua por medios militares.

3. La gran víctima de los conflictos armados es la población civil, y el uso del agua para atacarla no es una excepción. Mientras la agresión a los civiles forme parte de la estrategia de guerra,el agua será un objetivo militar. Por esta azón, es necesario que se haga cumplir el Derecho Internacional que protege a las personas no armadas en caso de conflicto, y el primer ejemplo lo Carestía de agua y conflicto han de dar las Naciones Unidas y las potencias con capacidad de intervención mundial. El problema radica en que el ejemplo de Irak hace pensar lo contrario: para conseguir objetivos políticos y militares, se destruyeron las infraestructuras civiles, incluidas las hidrológicas, y se atacó el bienestar de la población provocando enfermedades, muertes, hambre y caos. Y en ningún momento se han pedido responsabilidades a los culpables. Bien al contrario, en Irak, la reconstrucción de las infraestructuras destruidas se está convirtiendo en un importante negocio para algunas compañías norteamericanas, y todo mueve a pensar que también puede abrir paso a la privatización grandes empresas. Una nueva cultura de protección de la población civil pasa por la protección de los recursos vitales, y uno de los primeros, si no el más importante, es el agua. Las infraestructuras hidrológicas no pueden ser ni objetivos ni instrumentos de guerra, ni tampoco pueden convertirse en el botín de las fuerzas de ocupación. Lo mismo cabe señalar en el caso de los territorios ocupados en Palestina.
 
Los recursos hídricos, al igual que la tierra, aún hoy continúan siendo objeto de apropiación colonial por parte de Israel. El Derecho Internacional prohíbe explícitamente lo que está haciendo el ejército israelí en Jerusalén, Cisjordania, la Franja de Gaza y los Altos del Golán, y también lo prohíbe el acuerdo adoptado tanto por la Autoridad Nacional Palestina como por el Gobierno israelí precisamente para proteger las infraestructuras hidrológicas.


4. Pero, a pesar de ello, el agua sigue siendo un instrumento de castigo colectivo, de represión de la población y un botín para las fuerzas israelíes de ocupación. Una vez más se puede ver que hay que imponer la cultura de protección de la población civil y un principio básico del Derecho: la ilegalidad del castigo colectivo. Un paso inicial en esta dirección  debe consistir en respetar el hecho de que el agua es un recurso vital que hay que salvaguardar; por lo tanto, no se puede utilizar ni como un arma ni como un instrumento de poder. En 2002, el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas dio un paso importante en esa dirección otorgando al agua la categoría de Derecho humano.

5. Sin llegar a esta virulencia, la carestía de agua ha abierto conflictos de distribución entre regiones y sectores  de consumo. En ocasiones, los recursos hídricos son compartidos entre diversos Estados, como sucede en Oriente Medio, y entonces la controversia se traslada al ámbito internacional. A pesar de que en estos casos el conflicto es más difícil de resolver, eso no significa que deba conducir a la violencia. La experiencia nos está mostrando que, si no hay otros enfrentamientos políticos y militares, el agua y el bienestar de la población no se convierten en motivo de guerra. No obstante, tampoco se convierten en motivo de cooperación, ni tan siquiera cuando está en peligro la supervivencia de la población. Y éste es un problema grave, ya que hay situaciones de escasez que sólo se pueden afrontar de manera eficiente con una gestión de los recursos en la que participen todas las partes implicadas en una cuenca hidrográfica.
 
Aunque en las áridas tierras del Mediterráneo oriental las poblaciones palestina y jordana ya están llegando a los mínimos vitales, los acuerdos firmados con Israel no son de cooperación, y ni siquiera se orientan en favor de una redistribución más justa de los recursos. Son acuerdos que congelan el statu quo favorable a Israel y que no se cumplen en el caso de los territorios ocupados palestinos. En el interior de los Estados la competencia entre regiones también puede convertirse en motivo de conflicto. El ejemplo más cercano lo tenemos en España con el Plan Hidrológico Nacional. Pero este caso no es el único, ya que en cualquier lugar en donde haya carestía la distribución es conflictiva, y en la cuenca mediterránea el agua se está convirtiendo cada vez más en un bien precioso. También crece la competencia entre los sectores de consumo. En la actualidad, todavía cerca del 70 % del agua dulce se dedica a la agricultura, incluso en los países más áridos. 

Hay regiones con extrema carestía de agua que producen una agricultura de regadío: frutas, verduras o flores destinadas a la exportación, con lo cual se está exportando agua. Y en muchas ocasiones esta producción está subvencionada, ya sea directamente, ya sea en el precio del agua. Al mismo tiempo, vemos que otros sectores de las mismas sociedades están pagando precios altísimos por el agua de consumo doméstico o industrial. También tenemos ejemplos de subvención directa en la exportación de agua, como sucede con la cuenca del Tordera, en cuya parte alta grandes empresas multinacionales hacen negocio vendiendo y exportando el agua del Montseny, secando ríos y acuíferos, y provocando problemas de suministro, hasta el punto de que en la parte baja de la cuenca, en Blanes, tienen que pagar para desalinizar y consumir un agua de mala calidad; es decir, están subvencionando la venta de agua del Montseny.
 
La carestía actual de recursos hídricos en las riberas del Mediterráneo obliga ya a pensar en nuevos modelos de gestión. Los conflictos abiertos, tanto internacionales como nacionales, deberían servir para mostrarnos que ya no basta con buscar nuevas fuentes o con redistribuir los recursos. En algunas regiones ya han llegado al límite, y el resto se está acercando a él muy rápidamente. Es necesario pensar en el agua de una forma diferente, y es necesario entender que se trata de un recurso precioso, vital y limitado. Por lo tanto, es un recurso que hay que proteger y gestionar priorizando las necesidades de la población y del medio ambiente. 

Seguramente éste sea el otro gran conflicto abierto: el choque entre el modo en que usamos los recursos hídricos y las necesidades del entorno natural. La desertización, la contaminación, la muerte de la flora y la fauna, así como la pérdida de ríos y acuíferos, son cada vez más un rasgo distintivo del Mediterráneo. En el conflicto entre el uso humano y el uso natural de los recursos todos salimos perdiendo, porque no entendemos que el medio natural es también nuestro medio ambiente.
 
Las situaciones conflictivas por causa del agua entre los Estados, entre las regiones, entre los sectores sociales, o entre el ser humano y la naturaleza tan sólo tienen una solución válida con vistas al futuro: buscar la confluencia de intereses a fin de que la gestión sea la adecuada para todos. Tenemos que entender que el ciclo del agua es un todo, y que si una de sus partes se deteriora, las otras no sólo no ganarán, sino que también lo pagarán. Hay que abrir el camino a una nueva cultura del agua que conduzca a una gestión global y cooperativa de las cuencas, de todos los sectores de consumo relacionados y del medio ambiente afectado. Sin este nuevo modelo de gestión, el agua continuará siendo un arma militar y política, continuará provocando
conflictos en lo referente a su distribución, la desertización avanzará y las personas que viven en la cuenca mediterránea sufrirán carestías cada vez más graves. Durante el año pasado las situaciones de conflicto por el agua en las riberas del Mediterráneo se han agravado, y en muchas regiones se está llegando a puntos límite y sin retorno. Para buscar soluciones, en las zonas más afectadas por la carestía, desde el Mediterráneo oriental hasta el occidental, cada vez se dejan oír con mayor fuerza las voces de quienes creen que el cambio de modelo de gestión de los recursos hídricos ya no puede esperar, y que para un futuro sostenible es necesaria una nueva cultura del agua. La preocupación mostrada por Naciones Unidas es un paso adelante, pero por el momento la acción de los Gobiernos todavíano nos permite ser optimistas.

martes, 12 de abril de 2011

Segundo Ensayo

El ser humano desde siempre se ha planteado una serie de desafíos que le son particulares desde un principio, donde se van a caracterizar por el contexto donde se desarrollan y la capacidad que tiene cada persona para llevar a cabo las acciones que le son inherentes y que de una u otra forma van a impactar de una forma directa o indirecta al resto de los individuos. En principio a los que se encuentran más próximos y en forma consecuente con los que se encuentran a distancia. Dada la cobertura que brindan en la actualidad los diversos medios de comunicación social para tener conocimiento de lo que ocurre al instante en cualquier lugar del mundo.

Desde este punto tanto del mundo contemporáneo y post-moderno, se parte de la influencia que van a tener las nuevas tecnologías en comunicación e información para desentrañar y desmarañar una cadena de eventos que tienen repercusiones en el devenir de las acciones, regidas por las acciones que cada persona realiza y se constituyen en un solo elemento que creara una serie de tendencias u opiniones sobre ese evento del cual se han enterado.

De allí se tiene que esto no constituye una novedad en si por cuanto la información siempre es la misma en cuanto a la esencia de la misma; sencillamente en la actualidad influye el factor tiempo y la visión que ofrecen al ser humano la observación de los hechos como suceden en tiempo real y en pleno desarrollo a través de las pantallas de los televisores o computadoras. Esta visión compartida se constituye en la actualidad en un elemento catalizador del conocimiento donde la capacidad de interpretación de la realidad constituye un elemento o producto final que tendrá un carácter personal en cada persona que sirve como receptor de la información, donde juega un papel importante las experiencias y el conocimiento que cada uno posee sobre el mundo.

Deseo comentar en forma particular mi apreciación sobre lo que es la formación del conocimiento donde confluye lo humano como centro de todas las acciones bien sea a través de las decisiones que este ejecuta con el empleo de diversas tecnologías o la intervención de fenómenos naturales que impactan de forma trascendental al ser humano, dada la fuerza que puede generar la naturaleza en sí y el impacto que genera sobre la civilización. 

Al preguntarse qué elementos van a decantar para la formación del conocimiento expreso que el medio ambiente conjuntamente con los elementos que interactúan, aunado a la experiencia humana y la interpretación que la persona posee tiene sobre la realidad en forma aunada van a generar conocimiento. En esta dirección afinamos lo asimilado y se confluyen o interceptan los artículos de prensa publicados por Edgar Morín en el diario El Nacional: Desafíos de la Mundialización (2008) y La necedad de “eso es complejo” (2010); El análisis del Libro “Geopolítica del Caos” de Le Monde Diplomatique y la Propuesta de Tesis Doctoral titulada: “Aproximación Teórica sobre Incidentes con Artefactos Explosivos y sus Repercusiones en la Seguridad Ciudadana de Venezuela”; lo cual va a generar un producto denominado Ensayo que será aprovechado por el participante para el desarrollo de la propuesta arriba mencionada. 

De esta manera se comprende como las estrategias planteadas para el desarrollo de la Asignatura Geopolítica del Siglo XXI que se encuentra enmarcada dentro de la Matriz Curricular del Doctorado en Seguridad y Desarrollo Integral; van a generar productos que van a nutrir el desarrollo de la Propuesta de Tesis Doctoral planteada por cada participante. Donde se tiene en particular que las lecturas y discusiones desarrolladas en cada tema van a encaminar la noción sobre la situación problema del tema planteado, por lo cual se tiene en principio que la asignatura va a contextualizar las relaciones internacionales como marco dentro de los diferentes incidentes con artefactos explosivos que se exponen en el planteamiento del problema, de esta manera se plantea por el participante, la intervención de diferentes grupos terroristas que van a materializar sus acciones violentas con el empleo de tales medios a fin de intentar doblegar la voluntad de los Estados para causar una sensación de inseguridad y desasosiego que se revierte en una imagen de incapacidad para contener tales ataques, los cuales por otra parte se constituyen en modelos, en lo que respecta a la crueldad e innovación de empleo de los Explosivos; lo cual genera modelos a seguir por parte de otros grupos terroristas, delictivos y personas disociadas que en conjunto, ven en estos medios una forma de manifestar su inconformidad con respecto a la visión que tienen sobre el concierto de las naciones y que buscan con esta nota discordante y fuera de todo orden social destacarse por medio de la violencia generada.

La lectura y análisis del libro Geopolítica del Caos como herramienta para interpretar eventos mundiales acaecidos hace doce (12) años y que recoge la apreciación de diferentes autores, constituye un elemento que va a permitir extrapolar en el tiempo cuales son los resultados que en la actualidad se tienen, pudiendo citarse por una parte la disolución de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) donde se tiene el impacto de la tecnología armamentista que quedo diseminada en cada una de estas Repúblicas bajo ningún tipo de control lo cual ha sido aprovechado por una parte para la venta en el mercado negro para diferentes grupos terroristas y delictivos, por otra el aprovechamiento de tales medios para el equipamiento por parte de grupos Separatistas de las naciones que integraron la antigua URSS; lo cual constituye en la actualidad un serio problema que afecta la seguridad y paz mundial dada la extrema crueldad con la cual llevan a efecto sus acciones, pudiendo citarse la toma de una escuela en Beslán en el año 2004 que arrojo como resultado la muerte de trescientas treinta y tres (333) personas en su mayoría niños.

En este sentido se comprende que el aporte al conocimiento dado por el participante en lo que respecta a la visión que este tiene sobre la realidad que aborda desde la perspectiva dada sobre la base de la experiencia profesional en el área de los explosivos y la información sobre tales eventos que son transmitidos por los diferentes medios de comunicación social y que esté sigue; considerando desde un enfoque personal: la innovación en cuanto al diseño del artefacto explosivo; las tecnologías empleadas en su confección; el número de víctimas producidas y la consecución de los ataques en el país de origen y su adopción por grupos desestabilizadores o particulares en la misma nación u otras donde se adopte tal modalidad. Por lo tanto se tiene que la visión de la realidad que se presenta ante estos eventos estará direccionada e influida en parte, por la experiencia profesional y la canalización de la visión que brindan las diferentes asignaturas y estrategias que conforman el Doctorado en Seguridad y Desarrollo Integral.

Ahora bien la propuesta llevada hasta la fecha por el participante a sufrido una serie de cambios donde la prominencia de lo tecnológico a dado paso a lo humanista, a fin de abordar la realidad sobre la temática planteada desde un enfoque que se corresponda con los estudios que se están desarrollando a nivel doctoral. Por lo tanto cobra cada vez más fuerza como valor agregado para la investigación; la interpretación de la realidad en función del elemento subjetivo que brinda el participante;  lo cual va a ir más allá de las cifras, los avances tecnológicos y se va a imbuir en las motivaciones para materializar tales eventos por parte de quienes los perpetran y por otra parte establecer cuáles son las percepciones de la población que se constituye en la victima de tales eventos. 

En función del que la temática gira alrededor de la Seguridad, se hace necesario abordar a los entes encargados de intervenir en la resolución de incidentes con artefactos explosivos a fin de establecer la configuración que estos poseen; estableciendo de igual manera los posibles escenarios en Venezuela donde pueden ocurrir este tipo de incidentes.

Lo antes mencionado se circunscribe en parte dentro de los objetivos de la investigación, para lo cual se requiere que se encuentren debidamente articulados a fin de establecer un constructo que sirva para apuntalar una aproximación teórica que deberá elaborarse con la confluencia de los diversos elementos citados. Dándose de esta manera como producto final la visión que presenta el participante sobre el tema planteado donde el todo se va integrar por las partes y las partes del todo. Al abordarse la interpretación de la realidad se considera que la misma es cambiante y no estática por lo tanto va a confluir el conocimiento como herramienta que va a permitir una aproximación a la realidad sobre los incidentes con artefactos explosivos y sus repercusiones en la seguridad ciudadana de Venezuela.